Eric Buell fue el creador de esta marca, y era un piloto que soñaba con hacer buenas motos deportivas pero con un motor genuinamente americano, porque el bueno de Eric no era precisamente de Albacete sino del país del Tío Sam, como te puedes imaginar por su nombre. Pero, claro, esto era un gran problema porque ese motor de origen, digamos, veterano y pensado para empujar grandes y tranquilas custom, no era el más indicado a priori para motos ágiles y deportivas. Así que Eric, que además era ingeniero, desarrolló una serie de ideas tecnológicas revolucionarias para crear una serie de sport ligeras. Estas motos debían ser ligeras y cortas como una moto de campo, pero también estables en trazados relativamente rápidos. Como esto no era nada fácil de combinar, entre esas ideas que desarrolló estaba eliminar el depósito de gasolina de su sitio habitual, ocupándolo por una gran caja de filtro de aire. ¿Y la gasolina, que haces con ella? Pues meterla en el chasis, un fabuloso doble viga de aluminio. El chárter es seco, por lo que el aceite se contiene en el… ¡basculante! Así, esta parte es un masivo doble brazo reforzado y macizo, para poder albergar el lubricante
El motor es de una base ya conocida de Harley, y más concretamente de la Sporster 1200, pero con una serie de modificaciones que te hace dudar si con un motor de varillas y refrigeración de aire se pueda llegar a ese grado de efectividad. Un ajuste perfecto de todo el montajes, sin duda, responsable en parte del milagro, pero además es que incorpora una eficaz inyección electrónica que, por misterios de la mercadotecnia, aún no se aplica a las Sporster.
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